The Karel Čapek Trouppe: el espectáculo más grande del mundo

 

          Fueron creados para los trabajos más ingratos, pero lo que en un principio debiera haber sido beneficioso para todos,  hundió en una crisis mayor a la población humana. Por ello, los androides fueron relegados al mundo del entretenimiento, aquel en el que nada podría estropearse. 

          The Karel Čapek Trouppe se había instalado en aquella explanada después de una travesía de miles de parsecs.

          —Dudo que venga alguien –comentó Rakk-EE. —Los compañeros se incomodan con las permanencias cortas, quizá deberíamos replantearnos quedarnos aquí.

          —¿Y ahora qué? ¿Por qué tanto jaleo? No hace falta tener tanto miramiento, Fra-Z.N. Nos quedamos, el espectáculo debe continuar.

          La lluvia, que no paraba de caer, había convertido la calle en un barrizal. 

          RaK-EE aunque tenía ganas de contestarle guardó silencio. Sigue leyendo “The Karel Čapek Trouppe: el espectáculo más grande del mundo”

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Estación A

Can you help me

Help me get out of this place

Slow sedation

Ain’t my style ain’t my face

Givin’ me a number

Nine, seven, eight

Gimme back my name

Crazy (A Suitable

Case For Treatment) de Nazareth

          La voz retumba como si procediera del interior de un recipiente metálico.

          “Corre desnudo, huyendo despavorido. Antes de llegar, ha recorrido diez veces la distancia que separa el punto de partida de la estación A”.

          —Nada podía ser peor, dijeron –recuerda. –Obedecimos a fe ciega. El paso del tiempo nada cambió. ¡Ojalá alguien esté al otro lado del intercomunicador! Me incomoda seguir solo… y este lugar parece no tener fin.

          “Respira con dificultad, la comprensión de su lenguaje se complica”.

          — ¿Te importa que me siente?…  Cómo va a importarte, si, quizá, ni tan siquiera puedas verme, como yo a ti. Nada es como lo recordaba. Sin ir más lejos, fue aquí… O no…  Se parece todo tanto. Disculpa.

          “Desvaría. Aparecen los primeros síntomas de la desorientación. Confiaba más en la fuerza y la astucia de este individuo, ahora, comienzo a dudar”. Sigue leyendo “Estación A”

En tiempos de Mitsivaluvier

 

A menudo se echa en cara a la juventud el creer

que el mundo comienza con ella. Cierto,

pero la vejez cree aún más a menudo que

el mundo acaba con ella. ¿Qué es peor? 

Christian Friedrich Hebbel (1813-1863)

          Mitsivaluvier siempre nos recordaba lo desgraciados que éramos al vivir estos tiempos. Después de su paseo diario en el que con lentitud recorría la nave que le vio nacer y hacerse soldado, no podía regresar a su habitáculo sin referirse a nosotros de un modo despectivo y paternal que rallaba el sarcasmo.

          —Y vosotros creéis que sois únicos. En mis tiempos…

          Con rigor poco científico intentaba hacernos creer que cualquier tiempo pasado había sido mejor, a la vez que afirmaba  que de nada servían los avances técnicos conseguidos después de que él fuera nombrado cadete y que también  desconocíamos cuales debían ser las verdaderas virtudes de un guerrero espacial curtido a base de esfuerzo, experiencia y con los mejores maestros. Sigue leyendo “En tiempos de Mitsivaluvier”

Set the control for de heart of the sun

Over the mountain watching the watcher.

Breaking the darkness, waking the grapevine.

One inch of love is one inch of shadow

Love is the shadow that ripens the wine.

Set the controls for the heart of the sun.

The heart of the sun, the heart of the sun.

Set the control for de heart of the sun (Pink Floid)

 

          El reloj de cuco marca las diez, quizás ese hecho no significara nada para él, un inútil conteo sonoro comparado con la pulsación natural del universo, pero antaño sugirió toda suerte de sucesos, pautó ritmos y costumbres hoy olvidados.

          Los frágiles tallos, que apuntan hacia el singular cielo, se yerguen buscando en el espacio suspendido la luz y el calor −ahora inducido− del corazón del sol. Los sarmientos se enredan en las formas metalizadas de una nave que gira al ritmo olvidado del planeta madre, para proporcionar la falsa sensación de normalidad,  aquella que reproduce las condiciones de Vignoble de Bourgognecon necesaria para conseguir el caldo dulce y oloroso del mejor vino de Francia y que descansará, hasta su consumo, en las bodegas de la I.N.W (Internacional NUMBER-WINE).

          Se acerca la vendimia, en sus manos recae la única cosecha con la que satisfacer a los paladares más exigentes; mientras, sin reprochar el destino, su vida pende de los designios de una estrella que día a día inunda de radiación su cuerpo  y que acabará por matarle. Sigue leyendo “Set the control for de heart of the sun”

L’ Utile

          Utile había nacido libre. Libre y abandonado a su suerte, como sus padres.

          “Los dioses así lo han querido, y ni tan siquiera los hombres podrán hacerle perder el privilegio”, rezaba su madre mientras lo acunaba entre sus brazos. Como quiera que las deidades tienen un extraño sentido del humor, la libertad de Utile, que recibió el  nombre de la nave que había marcado su destino, se extendía por un pequeño planetoide en medio de un espacio recóndito lejos de rutas y sistemas habitados, un lugar que ni tan siquiera aparecía en los mapas. La tierra que le vio nacer, exenta de siluetas, apenas una mota de polvo en el horizonte estrellado, se presentaba yerma y sin cordilleras. Un páramo en el que el agua dulce y los vegetales subsistían casi de milagro, con la atmósfera suficiente como para soportar la vida, y una estrella que lo iluminaba a desgana como por pena. Una sombra diminuta que se camuflaba en la inmensidad del universo. Posiblemente por eso nunca nadie había llegado hasta allí. Sigue leyendo “L’ Utile”

Entonces. Por José Antonio Ramos Sucre


Dream Idyll. Edward Robert HUGHES (1851–1914) 

          Sueño que sopla una violenta ráfaga de invierno sobre tus cabellos descubiertos, oh niña, que transitas por la nevada urbe monstruosa, a donde todavía joven espero llegar, para verte pasar. Te reconoceré al punto, no me sorprenderán tu alma atormentada y exquisita, tu cuerpo endeble ni tu azul mirada; he presentido tus manos delicadas y exangües, he adivinado tu voz que canta y tu gentil andar. El día de nuestro encuentro será igual a cualquiera de tu vida: te veré buscando paso entre la muchedumbre de transeúntes y carruajes que llena con su tumulto la calle y con su ruido el aire frío. La calle ha de ser larga, acabará donde se junten lejanas neblinas; la formará una doble hilera de casas sin ningún intervalo para viva arboleda; la harán más tediosa enorme edificios que niegan a la vista el acceso al cielo. Lejos de la ciudad nórdica estarán para entonces los pájaros que la alegraban con su canto y olvidado estará el sol; para que reine la luz artificial con su lívido brillo, la habrán sepultado las nubes, cuyo horror aumenta la industria con el negro aliento de sus fauces. Sigue leyendo “Entonces. Por José Antonio Ramos Sucre”

La madre dormida



La BaigneusePaul Émile Chabas (Nantes, 7 de marzo de 1869-París, 10 de mayo de 1937)

 

      La tierra húmeda dejaba escapar sus aromas al tiempo que el sol se abría camino hasta el suelo.

      De las manos de Kirke pendía un mechón de los cabellos de su hija. Las lágrimas se acumulaban a sus pies.

      Los árboles orquestaban su música que por momentos sonaba con violentos choques, para pasar después al calmado susurro de las hojas. Desconcertados sones en el oído de una madre que no comprendía nada. Las gotas al caer, vacilantes en los árboles, aumentaban más el desasosiego en Kirke. Retornaba a su memoria el galopar de la caballería que acompañó el momento en el que Siisike fue arrebatada de su lado.

      Un torbellino perturbó la paz. Sigue leyendo “La madre dormida”